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jueves, 1 de abril de 2010

Bebidas cola podrían 'matar' a espermatozoides


Un estudio realizado en Dinamarca sugirió que los hombres que beben un cuarto o más de una bebida cola por día podrían hacer daño a sus espermatozoides

En promedio, la cantidad de espermatozoides de esos hombres era un 0% menor que la de los que no consumían esas bebidas.

Si bien la Organización Mundial de la Salud (OMS) consideraría normal la mayoría de los niveles de espermatozoides, los hombres con baja cantidad tendrían riesgo de ser infértiles. Para los autores del estudio, es poco probable que la cafeína sea la causante del problema porque el café no tuvo el mismo efecto, aunque su contenido de cafeína es más alto.



Pero otros ingredientes de las bebidas o el hecho de llevar un estilo de vida poco saludable podrían ser los responsables. "Es importante señalar que los hombres que consumían una gran cantidad de bebidas cola también eran distintos en muchos otros aspectos", dijo a Reuters Health la doctora Tina Kold Jensen, de Rigshospitalet, en Copenhague.

Kold Jensen, que dirigió el estudio, indicó que sólo unos pocos informes habían analizado el efecto de la cafeína en la salud reproductiva masculina. En general, los participantes siempre fueron grupos muy selectos, como los hombres infértiles, y los resultados fueron contradictorios.

Dado que en las últimas décadas el consumo de gaseosas fue creciendo en la juventud danesa, el equipo estudió si eso podría afectar la salud reproductiva. Para eso, incluyó a más de 2.500 jóvenes. Los que no consumían bebidas cola tenían una mejor calidad de espermatozoides (unos 50 millones por mililitro de semen) y un estilo de vida más saludable.

En cambio, los 93 varones que bebían más de 1 litro por día tenían apenas 35 millones de espermatozoides por mililitro de semen.

También consumían más comidas rápidas y menos frutas y verduras. Al comparar la cafeína de otras fuentes (café y té), la disminución de la calidad de los espermatozoides fue mucho menos pronunciada, publicó American Journal of Epidemiology. Aún se desconoce si la causa son las bebidas cola, el estilo de vida poco saludable o ambos. De todos modos, el doctor Fabio Pasqualotto, de la Universidad de Caxias do Sul, Brasil, que no participó en el estudio, opinó que las bebidas cola en sí quizá no eran lo más importante. "Imagino que debe ser el estilo de vida", afirmó.

Fuente: Reuters

domingo, 26 de julio de 2009

Como aumentar la memoria, formas y maneras de ser mas inteligente

Esta es una interesante recopilación sobre las múltiples formas, costumbres y maneras que podemos utilizar para potenciar nuestra mente, inteligencia y forma de pensar ...
1. Resuelve acertijos , sudokus y otros juegos de ingenio ...
2. Mejora tu capacidad ambidiextra ... Usa tu mano no dominante para realizar tareas como peinarte, lavarte los dientes , mover el raton, intercambia el cuchillo y tendor de manos comiendo.
3. Fijate en la ambigüedad , aprende a apreciar las paradojas y la ilusiones opticas ...
4. Aprende a realizar mapas mentales ...
5. Bloquea alguno de tus sentidos para realizar actos cotidianos, come con una venda en los ojos , duchate con tapones en los oidos …



6. Desarrolla el sentido del gusto ... Trata de apreciar y distinguir sabores independientes , como quesos, vinos, cervezas ...
7. Busca y encuentra puntos en comun entre situaciones aparentemente sin relación ...
8. Encuentar nuevos usos para objetos cotidiano. Cuantas formas de aprovechar un boligrafo encuentras , 10, 100 ...
9. Busca argumentos para rebatir tus opniones ...
10. Aprende tecnicas de creatividad ...

Seguir Leyendo...

11. Ve mas alla de la respuesta evidente ...
12. Utiliza el pensamiento lateral ...
13. Invierte tus suposiciones sobre problemas y asume estas como verdaderas ...
14. Preguntate mas a menudo ¿Que pasaria si…? ...
15. Mira las fotos al reves ...
16. Emplea la tecnica de creatividad SCAMPER (sustituye, combina,adapta,magnifica,plantea otros usos,elimina , revierte) ...
17. Sé critico con toda la informacion recibida. Cuestiona su veracida. Distingue las falacias ...
18. Resuelve puzzles y problemas de logica ...
19. Familiarizate con el metodo cientifico ...
20. Dibuja , pinta ; no necesitas ser un artista ...
21. Piensa siempre en positivo ...
22. Desarrolla habilidades artisticas ( escultura , musica, pintura) ...
23. Aprende a hacer malabarismos ...
24. Come alimentos buenos para el cerebro ...
25. Haz ejercicio fisico , mantente en forma y benficia tu mente ...
26. Sientate bien erguido ...
27. Aprende a respirar bien y profundamente ...
28. Riete ...
29. Realiza distintas actividades. Planteate un hobby nuevo ...
30. Duerme lo justo ; ni mucho ni poco ...
31. Echa una cabezadita ...
32. Escucha musica ...
33. Piensalas bien , pero TOMA decisiones ...
34. No uses lo ultimo en tecnologia para todo , hay cosas que se hacen igual a la antigua usanza y no perderas habilidades ...
35. Cambia de forma de vestir de vez en cuando. Anda descalzo por distintas superficies
36. Hablate a ti mismo como si fueras un entendido en la materia ....
37. Busca recursos en la red sobre como aumentar la inteligencia ...
38. Simplifica tu vida ...
39. Juega al ajedrez o a otros juegos de mesa ...
40. Comportate infantilmente de vez en cuando ...
41. Cultiva el humor , inventate chistes ...
42. Crea una lista de 100 formas de …
43. Anota las ideas que se te ocurran y hazte tu banco de ideas ...
44. Retoma y desrrolla regularmente ideas de ese banco ...
50. Planteate un tema de observacion para el dia. Por ejemplo , coches rojos , fijate cuantos coches rojos ves ese dia ...
51. Juega alguna vez a un juego de escape ...
52. Aprende un idioma extranjero ...
53. Come en restaurantes de comidas de paises de diferentes culturas ( hindús, japoneses , turcos…) ...
54. Aprende a programar , aunque sea de una forma muy elemental ...
55. Deletrea palabras en voz alta en sentido inverso : sasoc sam y sojitreca ...
56. Redecora tu casa , cambia los muebles de posicion ...
57. Escribe , ya sea un libro , un poema o un blog ...
58. Estudia sobre lenguaje corporal y trata de adaptar el tuyo ...
59. Aprende a tocar un instrumento musical ...
60. Visita museos ...
61. Visita ferias donde se expongan ultimas tendencias ...
62. Estudia el funcionamiento del cerebro ...
63. Mejora tu velocidad de lectura ...
64. Trata de averiguar la hora mentalmente siempre antes de mirar el reloj ( mejor, no lleves reloj) ...
65. Trata de sumar 100 mentalmente con los 4 numeros de las matriculas de coches que veas usando las operaciones matematicas basicas ...
66. Trata de hacer estimaciones de comparaciones de numeros grandes , ¿Hay mas hojas en la selva amazonica que conexiones entre neuronas en tu cerebro? ( respuesta , pero piensalo primero) ...
67. Aprende ( y usa) alguna tecnica de memorizacion ...
68. Haz el amor ...
69. Memoriza el nombre de personas que te presenten ...
70. Medita. Cultiva la relajacion de la mente ...
vía acertijosymascosas

Subir de peso en el embarazo


Mientras se está esperando un bebé ocurre un aumento de peso distribuido de la siguiente manera: 2 libras en el útero; 4 libras en volumen de sangre; la placenta y cordón umbilical, 1.5 lb; las mamas aumentan 1 lb; el líquido amniótico 2 lbs; el feto alrededor de 7.5 a 8.5 lbs, y ocurre un aumento de grasa corporal de 7.5 libras, la cual es necesaria para el final del embarazo y la lactancia. Durante el primer trimestre se gana grasa corporal que será utilizada posteriormente por el feto.t
En esta primera fase las hormonas comienzan a actuar, provocando diferentes síntomas: mareos, náuseas, vómitos y hambre, hipoglicemia, para cada uno de estos hay solución utilizando los alimentos a favor:

Dulces y grasas. Elimine los dulces de cualquier clase; limite el consumo de té, café, jugos comerciales, ni los light; pastillas, chocolates; elimine las sodas. Evite las grasas en general, manteca, mayonesa y las preparaciones que las contengan, por ejemplo las frituras. Agregue a sus ensaladas el aceite vegetal crudo, una o dos cucharaditas, también puede utilizar nueces o aguacate.



La sal úsela moderadamente. No consuma condimentos artificiales ni salsas ni productos enlatados o envasados. Tampoco embutidos o productos en salmuera.

Las horas. Establezca horarios de comer. No espere más de una hora para desayunar una vez que se levanta. Utilice agua fría para enjuagarse la boca si el agua al tiempo le provoca náuseas. Unas galletas de soda un poco antes del desayuno minimizan los vómitos.
Que no pasen más de cuatro o cinco horas entre comidas. Nunca espere a nadie para comer, sobre todo en la cena. Si además necesita una merienda nocturna elija leche descremada, yogur o palitroques integrales, etc.

Balance. Incluya siempre carbohidratos complejos (menestras, arroz, pan integral, papas con cáscara si las tolera, bien lavadas, pasta integral, etc.)
Dos a tres vasos de leche o yogur descremados son excelentes aliados para complementar la proteína del día y como fuente de calcio y otros nutrientes, también cuando hay hambre y como ingrediente puede mezclarse con frutas o en preparaciones, ejemplo: puré, batidos, etc.

Las proteínas son importantes pero igual debe guardarse una medida y no pasar de 7 onzas por día, lo que equivaldría a un huevo + 1/2 pechuga de pollo y 1 bistec chico de carne de 3 onzas.
Las frutas inclúyalas, pero trate de comerlas cuando no sienta hambre. Puede usarlas como postre o hasta dos horas después de la comida.

Complemente sus comidas con vegetales crudos o cocidos y condimentos naturales, prepárelos de cualquier forma menos fritos. Camine si su médico se lo permite por lo menos 30 minutos diarios.


miércoles, 17 de junio de 2009

¿Sabías que el cerebro trabaja más cuando mientes?

pinocho-mentiroso-narizLa Escuela de Medicina de la Universidad de Pennsylvania, tras realizar un estudio de resonancia magnética a cierto número de individuos, descubrió zonas del cerebro que se iluminan cuando las personas mienten.

Según ellos, su cerebro lo inhibe de decir la verdad y eso hace que el lóbulo frontal esté más activo, de tal forma que la persona tiene que pensar más. Además la revista “Quo” explica que mentir requiere un incremento de la actividad cerebral en las regiones involucradas en la inhibición y el control.

Además se presenta la sudoración, por que al mentir aumenta la presión arterial, la frecuencia cardiaca, respiratoria y hay cambios en la actividad eléctrica de la piel.





Los pies reflejan el estado emotivo y cognitivo de la persona. Por ejemplo, cuando una persona sincera está parada, tiene los pies bien apoyados apuntando hacia su interlocutor, pero si el peso de la persona reposa sobre un lado del pie o los talones, probablemente está siendo falsa, miente o retiene información. Los tobillos cruzados pueden significar que no quiere revelar algún dato o emoción.

Las flexiones del torso hacia adelante puede expresar interés y hacia atrás desinterés. Una persona que no es sincera es en general menos expresiva con las manos, aquellas que enseñan palmas y extienden dedos, indican franqueza.

¿Qué hay del rostro? También se puede detectar una sonrisa mentirosa, además del hecho de rascarse la nariz ante preguntas comprometedoras, se le conoce como efecto pinocho. Los indicios vocales más comunes de engaño son las pausas demasiado largas o frecuentes y el mentiroso, ante el temor de ser descubierto, puede volver la voz más aguda.

Un Dato Curioso: Contrario a lo que se pudiera pensar, explica la revista “Quo”, las personas mienten más cuando conversan entre sí, que cuando se comunican por otro medio, ya sea correo electrónico o vía telefónica.

domingo, 31 de mayo de 2009

Animales infecciosos, como nos contagiamos


CIENCIA DURA Con jeringa en mano, Lisa Jones-Engel actúa rápidamente para sedar a los macacos rhesus capturados en Dhamrai, Bangladesh. Mientras en un tejado, detrás de ella los simios espectadores gritan para dar la alarma. El equipo de la investigadora de la Universidad de Washington está documentando la transmisión entre humanos y monos en ambos sentidos, proceso que puede dar origen a nuevas enfermedades.
Foto de Lynn Johnson

Corría el mes de septiembre de 1994, en los suburbios de Brisbane, Australia, cuando, repentinamente, un grupo de caballos de carreras contrajo una enfermedad agresiva. El lugar, llamado Hendra, es un vecindario antiguo, repleto de pistas de carreras, establos, puestos de periódicos con formatos para las carreras, cafés llamados “El Abrevadero” y, por supuesto, gente del medio. La primera víctima de la enfermedad fue una yegua embarazada. Empezó a mostrar síntomas mientras pastaba, tras lo cual fue llevada a su establo para recibir tratamiento médico, pero no mejoró. Tres personas la atendían e intentaban salvarla: el entrenador, el capataz del establo y un veterinario. En dos días la yegua murió sin que se tuviera clara la causa de su enfermedad. ¿La habría mordido una serpiente? ¿Comería alguna hierba venenosa en la pradera abandonada? Estas hipótesis se eliminaron dos semanas después, cuando la mayoría de sus compañeros de establo también se enfermaron. No se trataba de veneno de serpiente ni de forraje tóxico. Era algo contagioso.





Los otros caballos contrajeron fiebre, presentaron insuficiencia respiratoria, edema facial y torpeza. A algunos les salía espuma con sangre de las fosas nasales y la boca. A pesar de los esfuerzos heroicos del veterinario, otros 12 animales murieron en cuestión de días. Y el entrenador también enfermó, así como el capataz del establo. El veterinario, que seguía los procedimientos preventivos ante enfermedades infecciosas, permaneció sano a pesar de trabajar en las mismas circunstancias que los demás. Después de unos días en el hospital, el entrenador murió con falla renal y sin poder respirar. El capataz del establo, un hombre bondadoso llamado Ray Unwin, simplemente se fue a casa a sobrellevar la fiebre y vivió. Unwin y el veterinario me contaron sus historias en 2006, cuando me reuní con ellos en Hendra. Aclaró que no era quejumbroso, pero que su salud se había visto afectada a partir de este incidente y no se había logrado recuperar del todo.

Los análisis de laboratorio revelaron que caballos y hombres estaban infectados con un virus desconocido. Al principio el laboratorio lo llamó morbilivirus equino y lo relacionó con la varicela. Más adelante, cuando se aprendió más sobre él, recibió el nombre del lugar donde se presentó: Hendra. El veterinario, Peter Reid, comentó que “la velocidad con la cual mató a los caballos era increíble”. En la cúspide de la crisis, en un periodo de 12 horas, siete animales sucumbieron con muertes horribles o requirieron eutanasia.

La identificación del nuevo virus fue solamente uno de los pasos en la resolución del misterio de Hendra, aparte de la tarea de tratar de comprender este caso en un contexto más amplio. El segundo paso requería que el virus fuera rastreado hasta su origen. ¿Dónde estaba antes de empezar a matar caballos y personas? El paso número tres implicaba plantear muchas más preguntas: ¿cómo surgió de su refugio secreto?, ¿por qué aquí y ahora?

Luego de nuestra primera conversación, Peter Reid me llevó al sitio donde la yegua se había enfermado. El pastizal ahora estaba lleno de casas y calles impecables. No había mucho rastro del paisaje original. Pero hacia el final de una de las calles se veía un redondel, llamado Circuito Calliope, donde crece un árbol, un higo nativo, debajo del cual la yegua hubiera podido resguardarse del feroz sol subtropical de Australia.

“Ahí es –dijo Reid–. Es ese maldito árbol”. Lo que quiso decir fue que en ese árbol se reunían los murciélagos.

Estamos rodeados de enfermedades infecciosas. Se podrían considerar como un cemento natural que une una criatura con otra, una especie con otra, dentro de los elaborados edificios que llamamos ecosistemas. Son uno de los procesos básicos que estudian los ecologistas, entre los que también se cuentan la depredación, competencia y fotosíntesis. Los depredadores son bestias relativamente grandes que comen a sus presas desde el exterior. Los patógenos (agentes causantes de enfermedad, como los virus) son bestias relativamente pequeñas que lo hacen desde adentro. Aunque las enfermedades infecciosas parecen aterradoras y espeluznantes, bajo condiciones normales son tan naturales como lo que los leones hacen a los ñus, cebras y gacelas.

Pero las condiciones a veces distan mucho de la normalidad.

De la misma manera que los depredadores tienen presas favoritas que acostumbran cazar, sus especies objetivo, los patógenos también tienen sus predilecciones. Así como un león ocasionalmente puede desviarse del comportamiento normal, y matar una vaca en lugar de un ñu o un humano en vez de una cebra, esto puede suceder con los patógenos que cambian de especie objetivo. Los accidentes suceden, se dan aberraciones. Las circunstancias cambian y, en consecuencia, las oportunidades y exigencias también. Cuando un patógeno da el salto de un animal no humano a una persona y tiene éxito, el resultado se conoce como zoonosis.

Casi nadie está familiarizado con esta palabra. Es un término que ayuda a aclarar la realidad biológica detrás de los encabezados de primera plana sobre la gripe aviar, el SARS y otras formas nuevas de enfermedad y la amenaza de una futura pandemia. Nos dice algo esencial sobre el origen del VIH. Es una palabra del futuro, destinada a tener mucho uso en el siglo XXI.

El Ébola es una zoonosis. También la fiebre bubónica, la fiebre amarilla, la viruela del simio, la tuberculosis bovina, la fiebre hemorrágica de Marburg, el virus del Oeste del Nilo, la enfermedad de Lyme, muchas cepas de influenza, la rabia, el síndrome pulmonar por hantavirus y una nueva enfermedad llamada nipah, que mata a los cerdos y a sus criadores en Malasia. Cada una refleja la acción de un patógeno que puede contagiarse a los humanos desde otras especies. Esta forma de salto entre especies es muy común. Alrededor de 60 % de las enfermedades humanas conocidas se comparten entre animales y personas. Algunas de ellas,como la rabia, están muy diseminadas y son conocidas por su letalidad. Miles de humanos siguen muriendo a pesar de siglos de esfuerzos por contrarrestar los efectos de la rabia, de intentos internacionales para erradicarla o controlarla, y de una comprensión científica clara sobre cómo funciona. Otras enfermedades son nuevas e inexplicablemente esporádicas, cobran pocas vidas (como el hendra), o un centenar por aquí y por allá, para después desaparecer durante años.

La viruela, como contraejemplo, no es una zoonosis. Es causada por un virus que infecta al Homo sapiens y, en casos muy excepcionales, a algunos primates no humanos. Pero no a los caballos, ratas ni cualquier otra especie. Esto ayuda a explicar por qué, a partir de 1979, se pudo declarar exitosa la campaña global de la Organización Mundial de la Salud para erradicarla. La viruela desapareció porque su virus, sin prácticamente capacidad de residir en ningún otro lado aparte de los humanos, no podía esconderse. Los patógenos zoonóticos sí pueden hacerlo.

La viruela del simio, aunque relacionada cercanamente con la viruela, tiene dos diferencias cruciales: su propensión a afectar tanto a monos como a humanos y la capacidad del virus de existir en otras especies, algunas de las cuales no han sido identificadas. La fiebre amarilla, que también infecta a monos y humanos, y es causada por un virus que se esconde en varias especies de mosquitos, quizá nunca pueda erradicarse. El patógeno causante de la enfermedad de Lyme, un tipo de bacteria, se esconde en los ratones de patas blancas y en otros mamíferos pequeños. Por supuesto, no es que los gérmenes se escondan de manera consciente. Para ellos, este comportamiento simplemente constituye una estrategia de transmisión indirecta o de supervivencia encubierta.

La estrategia menos conspicua de todas es esconderse en lo que se llama un huésped reservorio, especie que porta el patógeno con poca o ninguna manifestación sintomática. Cuando una enfermedad parece desaparecer entre brotes (nuevamente, al igual que hendra en la matanza de 1994), su patógeno causal posiblemente podría haberse terminado, al menos en la región, pero quizá no. Tal vez sigue cerca, por todas partes, en un huésped reservorio. ¿Un roedor? ¿Una mariposa? ¿Un murciélago? Residir sin ser detectado en un huésped reservorio es quizá más sencillo en lugares donde la diversidad biológica es alta y el ecosistema tiene relativamente pocos cambios. Lo inverso también es cierto: los disturbios ecológicos hacen que emerjan enfermedades. Si sacudes un árbol, caen cosas.

Unos meses después de las muertes en Australia, un detective científico llamado Hume Field emprendió la búsqueda del huésped reservorio de Hendra. Field era un veterinario que, tras trabajar en su consultorio privado durante años, decidió cursar un doctorado en epidemiología veterinaria. La búsqueda del huésped se convirtió en el tema de su tesis. Reunió muestras de sangre de 16 diferentes especies, toda una serie de sospechosos, incluyendo marsupiales, aves, roedores, anfibios e insectos. Mandó las muestras a un laboratorio pero no encontró rastros de hendra.

Posteriormente, extrajo sangre de un Pteropus alecto, una especie de murciélago de la fruta, del tamaño de un cuervo y conocido comúnmente como zorro negro volador. Ahí estaba: el laboratorio encontró rastros moleculares del virus hendra. Otras muestras arrojaron datos similares de tres especies más de zorros voladores, todos nativos de los bosques de Queensland (el estado donde se encuentra Brisbane) y otras regiones boscosas de Australia.

Field y sus colaboradores establecieron que los murciélagos eran el huésped reservorio. La detección de rastros moleculares no es tan definitiva como encontrar partículas del virus vivo, pero en una hembra de esta especie encontraron también estas pruebas.

El trabajo del laboratorio sugería que hendra era un virus viejo, que probablemente llevaba miles de años de existencia en su huésped reservorio. A pesar de su edad, nunca antes, en la historia documentada, había causado enfermedad en los humanos. ¿Cómo se explica su aparición en 1994? Fue mala suerte para la yegua embarazada y quienes la conocían. Los murciélagos comían higos de ese árbol y la pobre yegua, en busca de algo de sombra, pastó sin prestar atención. Evidentemente se tragó, además de pasto, algo de lo que dejaron los murciélagos: pulpa de fruta, heces, orina, placenta y virus.

Pero también debía existir una explicación más profunda. ¿Por qué surgió el hendra en 1994, no décadas o siglos antes? Había algo distinto. Algún tipo de cambio, o combinación de cambios, que causó la transmisión del virus de su huésped reservorio a otras especies.

El nombre elegante que recibe esta transferencia es “derrame”. Tal vez el virus necesitaba a los caballos (que llegaron con los colonizadores europeos), tan distintos de los canguros (que llevan milenios comiendo pasto bajo las higueras australianas), para propiciar su derrame del reservorio. Tal vez los murciélagos, higos, caballos y humanos nunca habían estado tan juntos. Hume Field actualmente es investigador en Brisbane. Cuando hablé con él en su oficina, se preguntó “qué podría estar pasando ahora que no pasaba antes”. Parte de la respuesta es que los humanos han destruido los bosques de eucalipto y alterado los hábitos de alimentación y anidamiento de algunos zorros voladores, lo cual los ha obligado a volar hacia los suburbios con lugares sombreados, plantíos, jardines botánicos y parques. Esto finalmente, los acercó más a las personas.

Pero la proximidad es sólo una parte; transmitir el virus a un caballo es otra. “¿Cómo se da la transmisión? –se pregunta en voz alta Field, al final de nuestra larga conversación–. La verdad es que todavía no lo sabemos”.

Casi todas las enfermedades zoonóticas resultan de una infección por uno de seis tipos de patógenos: virus, bacterias, protozoarios, priones, hongos y gusanos. La enfermedad de la vaca loca es causada por un prion, una molécula de proteína doblada de manera extraña que provoca que otras moléculas se doblen de maneras raras, como la forma infecciosa del agua de la novela de Kurt Vonnegut, Cuna de gato. La enfermedad del sueño es una infección por un protozoario, transmitido a mamíferos silvestres y domésticos y a la gente en el África subsahariana por las moscas tse-tsé. El ántrax es una bacteria que puede permanecer latente en el suelo por años y después, cuando sale, infectar a los humanos mediante el ganado. La toxocariasis es una zoonosis leve causada por gusanos redondos y la puede contagiar un perro. Pero, al igual que el perro, por suerte el dueño puede desparasitarse.

Los virus son los más problemáticos. Evolucionan rápidamente, no responden a los antibióticos, pueden esconderse, ser versátiles, tener altísimos índices de mortalidad y son diabólicamente simples, al menos en comparación con otros seres vivos o cuasivivos. El hanta, SARS, viruela del simio, rabia, ébola, virus del Oeste del Nilo, machupo, dengue, fiebre amarilla, junin, nipah, hendra, influenza y VIH son virus. La lista completa es mucho mayor. Existe una condición que lleva el descriptivo nombre de espumavirus del simio (SFV, por sus siglas en inglés), que infecta a monos y humanos en Asia en los lugares donde las personas y los macacos semidomesticados entran en contacto (como templos budistas e hindúes). Algunos visitantes extranjeros de estos templos dan comida a los macacos y se exponen al SFV. “Los virus carecen de medios de locomoción –dice el eminente virólogo Stephen S. Morse–, pero muchos de ellos le han dado la vuelta al mundo”. No pueden correr, nadar o arrastrarse. Son portados.

En la misma época del brote de hendra cerca de Brisbane, se documentó otro caso de derrame en África central. A lo largo del río Ivindo, al noreste de Gabón, cerca de la frontera con la República del Congo, hay un pequeño poblado llamado Mayibout II. A principios de febrero de 1996, 18 personas se enfermaron repentinamente tras participar en el descuartizamiento e ingestión de un chimpancé. Sus síntomas incluían fiebre, dolor de cabeza, vómito, sangrado en ojos y encías, hipo y diarrea sangrienta. Todos fueron evacuados río abajo, hasta un hospital regional donde cuatro murieron rápidamente. Los cuerpos fueron devueltos a Mayibout II para enterrarlos, pero no se tomaron precauciones especiales. Una quinta víctima escapó del hospital, regresó al poblado y murió ahí. Los casos secundarios se dieron entre las personas infectadas por sus seres queridos o amigos, y en quienes habían manipulado los cadáveres. Finalmente, 31 personas enfermaron y 21 murieron, un índice de mortalidad de 68 por ciento.

Un equipo de investigadores médicos, gaboneses y franceses, recopiló estos datos y cifras para investigar el brote de Mayibout II. Entre ellos estaba el francés Eric M. Leroy. Él y sus colegas identificaron el virus como el de la fiebre hemorrágica ébola y dedujeron que el chimpancé estaba infectado con este. Su investigación también reveló que el mono no había sido víctima de los cazadores del pueblo sino que lo habían encontrado muerto.

Cuatro años después, alrededor de la fogata de un campamento cerca del río Ivindo, me encontraba en una larga expedición con un grupo de habitantes locales que trabajaban en el bosque. Los hombres, en su mayoría bantúes, llevaban semanas caminando antes de que me uniera a su marcha. Su trabajo implicaba cargar bultos pesados a través de la selva y construir un nuevo campamento cada noche para el biólogo de la Wildlife Conservation Society, J. Michael Fay, cuya persistencia y sentido de misión impulsaban esta tarea. Ese día en particular había sido relativamente sencillo: no cruzamos ningún pantano ni nos atacaron elefantes. Esto favoreció una actitud relajada y de confianza alrededor de la fogata. Supe que dos de los hombres, Thony M’Both y Sophiano Etouck, habían estado presentes en Mayibout II durante el brote de ébola. M’Both, delgado y mayor, y un poco más voluble que los demás, estaba dispuesto a hablar sobre el incidente. Hablaba en francés mientras Etouck, hombre tímido de espalda amplia, ceño fruncido y barba de candado, se sentó en silencio. La familia de Etouck fue devastada por la enfermedad. Una de sus sobrinas murió en sus brazos. El catéter que le pasaba suero en la muñeca se tapó y estalló, cubriéndolo de su sangre. Pero Etouck nunca se enfermó. “Ni yo”, dijo M’Both. La causa de las enfermedades era motivo de confusión y rumores atemorizantes. M’Both sospechaba que los soldados franceses, que estaban cerca, habían matado al chimpancé con algún tipo de arma química y, por descuido, lo habían dejado en un lugar donde podía infectar a las personas. Pero, independientemente de la causa o el contaminante, los habitantes del pueblo aprendieron la lección. Ya nadie come chimpancé en Mayibout II.

Entre el caos y la tristeza del brote, cuenta M’Both, él y Etouck vieron algo extraño: 13 gorilas muertos en el bosque. Esa imagen, de los cadáveres de gorila entre las hojas, es sorprendente pero posible. Una investigación posterior confirmó que los gorilas son susceptibles al ébola. Como criaturas sociales, pueden pasar la infección con facilidad entre los miembros del grupo, durante los rituales de acicalamiento, cuidado de bebés o al intentar despertar a los enfermos o muertos.

En los años posteriores a 1996, otros brotes de ébola han afectado a las personas y a los grandes simios (chimpancés y gorilas) en la región que rodea a Mayibout II. Una de las zonas más afectadas está a orillas del río Mambili, pasando la frontera en el noroeste del Congo, otra zona de bosque denso que abarca varias poblaciones, un parque nacional y un santuario de gorilas conocido como Lossi. En 2002, un equipo de investigadores de ahí empezó a encontrar cadáveres de gorila, algunos de los cuales resultaron positivos en los exámenes de ébola. En los siguientes meses, 91 % de los individuos que habían estado estudiando (130 de los 143 animales) había desaparecido; la mayoría probablemente estaría muerta. Al extrapolar los datos de las muertes confirmadas y las desapariciones para abarcar toda el área de estudio, los investigadores llegaron a una conclusión que los llevó a publicar un artículo en Science con el título “Brote de ébola mata 5 000 gorilas”.

El otoño pasado regresé al río Mambili con el equipo de William B. (Billy) Karesh, autoridad en enfermedades zoonóticas. La meta de Karesh era tranquilizar a unos cuantos de los gorilas supervivientes, tomar muestras de sangre y ver si estos animales mostraban exposición al virus de ébola. Acompañados por un rastreador experto de nombre Prosper Balo, y otros veterinarios y guías, pasamos ocho días buscando en el bosque. Prosper Balo había trabajado en Lossi. Con su guía, buscamos en un bai (un claro natural) lleno de suculenta vegetación y que se sabía albergaba docenas de gorilas que llegaban diariamente a comer y relajarse. Billy Karesh había estado ahí en 2000, antes del brote de ébola, para reunir datos sobre la salud de los gorilas. “Todos los días –me dijo–, cada bai tenía al menos un grupo familiar”. Ese viaje fue exitoso: él es el único investigador que ha logrado tranquilizar con dardos a los gorilas de llanura. Esta vez fue distinto. Por lo que podíamos observar, no quedaba prácticamente ningún sobreviviente. Sólo pudimos ver, brevemente, dos gorilas. Los otros o bien se habían dispersado a lugares desconocidos o estaban… ¿muertos? De cualquier forma, donde antes había abundancia de gorilas ahora no quedaba ninguno.

El virus también parecía haber desaparecido. Pero sabíamos que sólo se escondía.

¿Dónde se escondía? Durante una década, la identidad del huésped reservorio del ébola fue uno de los mayores misterios del mundo de la ciencia de las enfermedades. Varios equipos de investigadores estaban tratando de resolverlo. Y entonces, hace dos años, Eric Leroy y algunos de sus colegas anunciaron en la revista Nature: “Se ha encontrado evidencia de una infección asintomática del virus ébola en tres especies de murciélago de la fruta, lo cual indica que estos animales pueden estar actuando como reservorio de este virus letal”. El grupo de Leroy no había encontrado ningún virus vivo, pero había establecido, con resultados positivos a partir de varios tipos de pruebas moleculares, que el ébola había pasado cuando menos por varios de los murciélagos examinados.

Leroy quiere encontrar pruebas más contundentes. “Seguimos capturando murciélagos para tratar de aislar el virus de sus órganos”, dijo el año pasado, cuando lo visité en Franceville. Sin embargo, identificar el huésped reservorio con certeza aún dejaría varias preguntas sin respuesta.

Por ejemplo, ¿cómo emerge el ébola de su reservorio? “No sabemos si hay transmisión directa de murciélagos a humanos –dijo Leroy–. Lo único que sabemos es que hay transmisión directa de los simios muertos a los humanos”. ¿Cómo ha evolucionado el virus para producir cuatro cepas diferentes? ¿Por qué la cepa ébola-zaire, que se encuentra en Gabón y el Congo, es tan letal (alrededor de 80 % de mortandad) para las personas? ¿Cuál es el ciclo de vida natural? ¿Cuál es el mecanismo de derrame en los gorilas y chimpancés? ¿Cómo afecta el virus al sistema inmune de los humanos? ¿Cómo entra en los humanos? El ébola es difícil de estudiar, explica Leroy, por el carácter de la enfermedad en sí. Ataca rara vez, progresa rápido y mata, o no, en cuestión de días, afecta a pocas personas en cada brote en áreas remotas, boscosas y lejos de hospitales de investigación o institutos médicos; después se extingue localmente o se detiene con éxito y vuelve a desaparecer en el bosque, como una fuerza guerrillera de ataque y retirada. “No hay nada que hacer”, comenta Leroy con paciencia y perplejidad. Lo que quiere decir es que no hay nada que hacer salvo seguir buscando, seguir trabajando en el laboratorio y respondiendo a los brotes según ocurran. Nadie puede predecir dónde aparecerá la próxima vez. “El virus pareciera decidir por sí mismo”.

Hendra y ébola son parte de un patrón mucho mayor: el reciente surgimiento de nuevas enfermedades zoonóticas, varias de ellas letales y terribles, muchas más que las asociadas con los murciélagos. Otra parte del patrón es la alteración del medio ambiente causada por los humanos. Luego vino nipah.

En septiembre de 1998, un vendedor de puercos en Malasia peninsular ingresó al hospital con inflamación cerebral y murió. Más o menos al mismo tiempo, varios trabajadores de las granjas porcinas tuvieron síntomas similares, fiebre que los dejó en coma. Varios también murieron. Los cerdos en la zona estaban también enfermos, con tos y dificultad para respirar, y morían súbitamente. Se supuso que era la clásica fiebre porcina. Y las muertes humanas se atribuyeron a la encefalitis japonesa. Pero en los siguientes meses se encontró que los cerdos y las personas estaban infectados con un nuevo virus, aislado en un paciente cuyo poblado de origen se llama Sungai Nipah. El virus era muy contagioso de cerdo a cerdo, pero no de persona a persona. Se diseminó a otras partes de Malasia, e incluso a Singapur, con los cargamentos de cerdos vivos, e infectó a personas que estaban en contacto con los animales enfermos o su carne. En siete meses enfermaron 265 personas y murieron 105. En consecuencia, se tuvieron que desechar 1 100 000 cerdos.

El perfil molecular de este nuevo virus sugería que estaba relacionado con hendra. Esto dio una clave. Poco después, los investigadores encontraron que nipah vivía serenamente en un huésped reservorio: el Pteropus hypomelanus, otra especie de murciélago de la fruta privado de su hábitat natural, que se había empezado a congregar en los frutales cerca de las granjas porcinas.

Y luego vino el SARS. Surgió en el suroriente de China a principios de 2003 y se diseminó rápidamente de persona a persona, viajando a la velocidad de los aviones, cobrando 774 vidas en nueve países y esparciendo miedo por el mundo. Un poco de investigación dirigió la mirada a la civeta de la palma, un mamífero mediano vendido con frecuencia en los mercados chinos para consumir su carne, como el reservorio del SARS. Se descartó esta sospecha tras demostrar que las civetas también tenían síntomas de la enfermedad. Un grupo de científicos del equipo de Wendong Li, de la Academia de Ciencias China, anunció que habían encontrado reservorios con un virus muy similar al que causó el brote de SARS: los murciélagos de herradura del género Rhinolophus.

Pero eso no es todo. El virus de los murciélagos australianos lyssavirus, identificado recientemente y relacionado con la rabia, ha matado al menos a dos personas con síntomas similares a los de la rabia tras mordeduras de murciélagos. Menangle y tioman son virus de la misma familia que hendra, que también portan los murciélagos y que están siendo observados de cerca por la comunidad científica. La rabia en sí y los virus similares que se encuentran en los reservorios de murciélagos alrededor del mundo quizá aún son los más letales de todos los patógenos virales si no se recibe tratamiento, con casi 100 % de mortalidad entre los humanos. En el norte de Perú, el otoño pasado, 11 niños de las comunidades nativas a lo largo del Amazonas murieron de rabia tras mordeduras de murciélagos vampiro.

En este momento ya te puedes estar preguntando: ¿qué demonios pasa con los murciélagos?

Hice la misma pregunta, en una conversación con Charles Rupprecht, virólogo y veterinario, quien dio una lista de factores que hacen de estos mamíferos, los quirópteros, los candidatos ideales para hospedar una variedad de virus peligrosos. Algunos murciélagos viven en colonias enormes, acurrucados muy cerca unos de otros. Tienen pocas crías y las cuidan con esmero. Tienen vidas largas para ser mamíferos pequeños. También son antiguos, en términos evolutivos. Abarcan una gran diversidad de especies, aproximadamente 20 % de todos los mamíferos. Vuelan, por tanto se mueven con facilidad alrededor del mundo, y encuentran lugares y maneras de sobrevivir en casi cualquier cuerpo de tierra, excepto la Antártida. Además, al ser nocturnos y voladores, son difíciles de estudiar. “Los murciélagos constituyen un territorio inexplorado”, dice Rupprecht. Su punto de vista, y el de un biólogo experto en rabia a quien le gustan, es que no son siniestros y que, si parecen tener un exceso de enfermedades dignas de una pesadilla, es porque son tan variados y tan poco conocidos.

Otro punto de vista informado me lo dio Xavier Pourrut, investigador veterinario. Su trabajo implica capturar y tomar muestras de sangre de los murciélagos cerca de los brotes de ébola para que Eric Leroy pueda estudiar el suero en busca de rastros del virus. “Los murciélagos representan un linaje antiguo de los mamíferos”, me dijo Pourrut quien, al igual que Rupprecht, los ve con ojos afectuosos de biólogo. Lo que hay que recordar, dice, es que su capacidad de vuelo les da mayor rango de acceso, tanto horizontal como vertical, dentro del bosque. Esto los pone potencialmente en contacto no sólo con frutas o insectos de los cuales se alimentan, y ramas de las cuales cuelgan, sino también con gran número de otras especies, desde el dosel del bosque hasta el suelo, incluyendo roedores, monos, carnívoros, aves, serpientes, chimpancés, gorilas y personas.

El contacto es crucial. El contacto cercano entre dos especies representa la oportunidad para un patógeno de expandir sus horizontes y posibilidades.

El contacto cercano entre humanos y otras especies se puede dar de varias formas: matando y comiendo animales salvajes (como en el caso de Mayibout II), por medio del cuidado de animales domésticos (como con hendra), el manejo de mascotas (como el caso de la viruela del simio que llegó a Estados Unidos debido al comercio de mascotas por vía de los roedores africanos importados), las tentativas de domesticación (como dar plátanos a los monos en un templo en Bali), la cría intensiva de animales combinada con la destrucción de hábitats (como el caso de las granjas porcinas en Malasia) y la penetración disruptiva de los humanos en el paisaje silvestre, lo cual, sobra decirlo, pasa mucho en el mundo actual. Cuando el contacto se ha dado y el patógeno ya cruzó, hay otros dos factores que contribuyen a la posibilidad de consecuencias catastróficas: la gran abundancia de humanos en el planeta, todos disponibles para ser infectados, y la velocidad con la cual viajamos de un lugar a otro. Si surgiera una nueva enfermedad, una que se transmita de persona a persona por un apretón de manos, un beso o un estornudo, fácilmente podría dar la vuelta al mundo y matar millones de personas antes de que la ciencia médica encontrara la manera de controlarla.

Pero nuestra seguridad, nuestra salud, no es el único punto a considerar. Algo más que vale la pena recordar es que la enfermedad puede ir en ambos sentidos: de los humanos a otras especies así como de ellos a nosotros. El sarampión, la polio, la escabiosis, la influenza, la tuberculosis y otras enfermedades humanas son amenazas para los primates no humanos. Estas infecciones reciben el nombre de antropozoonóticas. Pueden arribar con un turista, investigador o habitante local y tener un efecto potencialmente devastador en las diminutas poblaciones aisladas de los grandes simios con un acervo genético relativamente pequeño, como los gorilas de montaña de Ruanda o los chimpancés de Gombe.

Por esta razón, Bill Karesh y sus colegas de la Wildlife Conservation Society han utilizado el eslogan “Un mundo, una salud” para su programa. Los principios que los guían provienen de la ecología, de la cual la medicina humana y la veterinaria son meramente subdisciplinas. “No se trata de la salud de la vida silvestre, o de los humanos o del ganado –me dijo–. Realmente sólo hay una salud”; la salud y el equilibrio de ecosistemas alrededor del planeta.

Tras nuestra búsqueda infructuosa en las orillas del río Mambili, en el noroeste del Congo, Karesh, Prosper Balo y yo, junto con otros miembros del equipo, viajamos tres horas río abajo en una piragua. De ahí tomamos una carretera sin pavimentar hasta un poblado llamado Mbomo, punto central de una zona donde el ébola había matado a 128 personas durante el mismo brote que mató a los gorilas de Lossi. Nos detuvimos en un pequeño hospital, junto al cual había un letrero en llamativas letras rojas:

attention ebola
ne touchons jamais
ne manipulons jamais
les animaux trouvés
morts en forêt

(No tocar nunca a los animales muertos encontrados en el bosque)

Mbomo era el pueblo natal de Balo. Visitamos su casa y conocimos a su esposa, Estelle, y a algunos de sus hijos. Nos enteramos de que la hermana de Estelle, dos hermanos y otro pariente cercano murieron de ébola en 2003 y que a Estelle la evitaban las personas del pueblo por su asociación con la enfermedad. Nadie le vendía comida. Nadie tocaba su dinero. Tenía que esconderse en el bosque. Hubiera muerto, comentó Balo, si él no le hubiera enseñado las medidas de precaución que había aprendido de Eric Leroy y otros científicos con quienes había trabajado durante el brote: esterilizar todo con blanqueador, lavarse las manos y no tocar los cadáveres. Pero ahora esa pesadilla había pasado y, entre los brazos de Balo, Estelle se veía sana y sonriente.

Balo recordaba el brote a su manera, el duelo por la familia de Estelle y otras pérdidas distintas. Nos mostró un libro, una guía de campo botánica, en la cual había escrito una lista de nombres: Apollo, Cassandra, Afrodita y casi 20 más. Eran gorilas, un grupo completo que conocía bien, que había seguido y observado con cariño en Lossi. Cassandra era su favorita. Apollo era el espalda plateada. “Sont tous disparus en deux-mille trois”, dijo. Todos desaparecieron en el brote de 2003. Había perdido a su familia de gorilas y a miembros de su propia familia. Fue muy duro, comentó Balo.

Durante largo rato sostuvo el libro abierto para que viéramos los nombres. Intuía emocionalmente lo que los científicos saben por medio de los datos: que nosotros, personas y gorilas, caballos y cerdos y murciélagos, monos y ratas y mosquitos y virus, todos estamos en esto juntos.

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David Quammen escribió “Reserva de Kronotsky” en el número de enero de 2009. Lynn Johnson, colaboradora frecuente, tomó las fotografías “Los nuevos Darwin”, en la edición de febrero de 2009.

miércoles, 27 de mayo de 2009

Vitamina E: nueva controversia sobre sus beneficios

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En una conferencia científica sobre envejecimiento efectuada hace aproximadamente tres décadas, prácticamente todos los presentadores estaban tomando vitamina E, nutriente con propiedades antioxidantes que, se pensaba, desaceleraría la destrucción celular de la edad.

En años posteriores, muchos informes a partir de observaciones y casos de estudio dejaron entrever que la vitamina E en dosis diarias y mucho mayores a lo recomendado podría contribuir a mantener a raya los males cardiacos y las embolias, diversos cánceres comunes, demencia y el mal de Alzheimer, cataratas, infecciones del tracto respiratorio, así como una diversidad de otros problemas de salud serios y, a veces, fatales.

La lógica era que un antioxidante como la vitamina E protege a las células de los nocivos efectos de los radicales libres, que son productos derivados del metabolismo, aunado a los agentes que dañan las células como la luz solar, radiación y quimioterapia.

Siempre con la esperanza de un elixir mágico, millones de estadounidenses conscientes de su salud empezaron a dosificar cantidades de vitamina E que eran docenas de veces superiores al consumo diario recomendado de este nutriente, soluble en grasa.




Si tan solo todos esos optimistas pronósticos hubieran resultado ciertos. Justamente de la forma que un estudio clínico bien diseñado desmintió la idea de que las hormonas en la postmenopausia podrían mantener saludable el corazón de la mujer, estudios clínicos controlados de la vitamina E han encontrado que este suplemento también deja que desear. Lo mismo es verdad en el caso de otro antioxidante, la vitamina C.

DEMASIADO DE ALGO BUENO

De hecho, estudios recientes han dejado entrever que el consumo de vitamina E en altas dosis pudiera ser peligroso paras muchos. En noviembre de 2004, la Asociación de Cardiología de Estados Unidos advirtió que si bien las pequeñas dosis de vitamina E halladas en multivitamícos y alimentos no eran nocivas, el consumo de 400 Unidades Internacionales al día o más podría incrementar el riesgo de muerte. La máxima cantidad diaria recomendada de la vitamina E en la dieta es 28.5 UI, para mujeres que están lactando.

Nadie sabe si otros antioxidantes, tomados como suplementos o concentrados en bebidas gourmet, terminarán enfrentando un destino similar, ya que no han sido sometidas a rigurosos estudios. Y dada la longitud, costo y dificultad de conducir los necesarios estudios, es probable que estos y otros antioxidantes nunca sean investigados de manera apropiada.

Así que usted quizá nunca sepa si gastar una fortuna en zumo de granada o algo similar vale la pena.

Algunos entusiastas de la vitamina E presentan objeciones a los estudios clínicos, pues consideran que usaron la forma equivocada de la vitamina, diciendo que cada una de las ocho formas de la vitamina tiene su propia actividad biológica.

Sin embargo, el tipo de vitamina E empleado en la mayoría de los estudios, alfa-tocoferol, es la forma más activa en seres humanos, con base en la Oficina de Suplementos Dietéticos de Instituto Nacional de Salud.

Aquí, entonces, está lo que sabemos acera de la vitamina E a partir de estudios clínicos en fechas recientes, realizados al azar y bajo control, la norma de oro de la investigación si se investigaran las preguntas correctas.

Una de las primeras indicaciones de que no existe beneficio para el corazón vino de un estudio efectuado en 2001 por la Universidad de Pensilvania entre 30 hombres saludables, el cual encontró que en dosis de 200 a 2,000 UI, la vitamina E ni siquiera prevenía la oxidación de grasas en la sangre que pueden dañar arterias. Cuatro años más tarde, los estudios de la Evaluación de Prevención de Resultados Cardiacos, que examinó casi 10 mil pacientes de 55 años de edad y más con males vasculares o diabetes, no encontró beneficio alguno para el corazón a partir una dosis diaria de 400 UI de vitamina E a lo largo de un promedio de siete años.

De hecho, quienes estuvieron tomando la vitamina presentaron mayores probabilidades de padecer insuficiencia cardiaca, lo cual impulsó la advertencia de la Asociación de Cardiología Estadounidense.

Unos cuantos meses después, llegó un informe sobre mujeres saludables. El Estudio de Salud de la Mujer, entre casi 40 mil mujeres de 45 años de edad en adelante, que fueron seguidas a lo largo de 10 años en promedio, no encontró beneficio general a partir del consumo de 600 UI de vitamina E cada tercer día en lo tocante a sucesos cardiovasculares (ataques cardiacos y embolia) o mortalidad total.

Hubo, sin embargo, una reducción de 24% en las muertes por causas cardiovasculares.

Un nuevo informe sobre varones fue divulgado en noviembre pasado. En él -el Estudio de Salud Facultativa – 14 mil 641 hombres de 50 años de edad en adelante fueron estudiados a lo largo de hasta ocho años. Se encontró que 400 UI de vitamina E cada tercer día no tenían efecto sobre la incidencia de importantes eventos cardiovasculares, incluidas muertes cardiovasculares.

El meollo de todos estos informes radicaba en que no se podía confiar en los suplementos de vitamina E para protegerse de males cardiacos y embolias.

Los estudios clínicos de Resultados Cardiacos también estudiaron el cáncer y no encontraron diferencias en la incidencia del cáncer o muertes durante el periodo de seguimiento, a lo largo de siete años, que pudiese ser atribuido a la vitamina E.

De manera similar, el Estudio de Salud de la Mujer no encontró un efecto considerable de dicha vitamina sobre la incidencia total del cáncer o cánceres de mama, pulmón o colon, ni efecto alguno sobre las muertes por cáncer.

De cualquier forma, persistía la esperanza de que la vitamina E por sí sola o en combinación con el mineral selenio o la vitamina C protegería a los varones en contra del cáncer de próstata. No hubo tal suerte. En el ejemplar de la Revista de la Asociación de Medicina Estadounidense del 7 de enero, dos grandes reportajes al parecer ofrecieron la última palabra con respecto a esta cuestión.

El estudio Select (acrónimo del Estudio de Selenio y Vitamina E para la Prevención del Cáncer) siguió a 35 mil 533 hombres de 427 localidades en Estados Unidos, Canadá y Puerto Rico durante más de cinco años.

No encontró beneficio alguno, pero sí encontró un “mayor riesgo no-significativo estadísticamente de cáncer de próstata” en el grupo que tomó 400 UI de vitamina E.

El selenio por sí solo no ofreció beneficios, y tampoco lo hizo el selenio combinado con vitamina E.

El segundo estudio, una continuación del Estudio de Salud Facultativa, encontró que entre médicos varones que tomaron 400 UI de vitamina E cada tercer día y 500 miligramos de vitamina C diario, no hubo reducción del riesgo de padecer cáncer de próstata o cáncer en general.

En cuanto al cáncer de pulmón, un estudio de 2007 que financió el Centro Nacional del Cáncer encontró que los fumadores que consumían suplementos de vitamina E presentaban un riesgo ligeramente mayor de padecer la enfermedad.

Una revisión independiente de estudios, por parte de la Cochrane Collaboration publicada el año pasado, no encontró evidencia confiable en cuanto a la capacidad de la vitamina E en la prevención o tratamiento del mal de Alzheimer o un daño cognitivo leve, ni siquiera con dosis de 2,000 UI al día.

Y si bien la vitamina E forma parte de complejas fórmulas de las que se ha encontrado que desaceleran el progreso de la degeneración macular, nadie puede asegurar que la vitamina haya desempeñado un papel en los beneficios vistos con estos productos.

También existen posibles riesgos, ya que la vitamina E disminuye la tendencia de coagulación de la sangre y pudiera dar como resultado desagradables hematomas, a raíz de pequeñas prominencias.

En términos llanos, no hay solución rápida. La mejor oportunidad para llevar una vida larga y saludable no viene de ninguna píldora o poción, sino de ir en pos de un estilo de vida pleno.

Eso significa que se debe seguir una dieta llena de nutrientes pero moderada en cuanto a las calorías y rica en vegetales, fruta y granos enteros (muchos de ellos son buenas fuentes de vitamina E); no fumar; ejercitarse de manera regular; mantener un peso corporal que sea normal; así como conducir y montar de manera segura.

A su salud.


lunes, 18 de mayo de 2009

Terrores nocturnos, un trastorno peor que las pesadillas

Estos despertares abruptos no deben confundirse con las pesadillas, que constituyen otro tipo de trastorno menos preocupante. Lo normal es que los afectados por los terrores nocturnos, una vez despiertos, no recuerden nada de lo ocurrido y vuelvan a dormirse plácidamente aunque también hay casos extremos en que los episodios se repiten hasta tres veces en la misma noche.

Lo habitual es que este tipo de trastorno se manifieste en el primer tercio del sueño y se prolongue por espacio de entre 1 y 10 minutos.

Según el catedrático de Psiquiatría de la Universidad Complutense de Madrid, doctor Juan José López-Ibor Aliño, estos episodios van acompañados de "activación vegetativa y manifestaciones de comportamiento de miedo intenso".




Las pesadillas, por el contrario, suelen darse en el último tercio del sueño -entre las cuatro y las seis de la madrugada- y quienes las padecen las recuerdan con todo lujo de detalles después de despertarse. Además, el nivel de activación vegetativa y motora no es tan acusado como en los terrores nocturnos.



MEJOR DEJARLES

La experiencia clínica indica que no es aconsejable tratar de despertar o de calmar a los afectados por los terrores nocturnos en pleno proceso, pues puede prolongarlo en lugar de detenerlo. Es mejor dejarles hasta que el episodio concluya.

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Además de que los que padecen este trastorno no suelen recordar las imágenes -o solo de manera fragmentada- que motivaron esta situación de terror, los expertos constatan que a la mañana siguiente muchos de los afectados se encuentran físicamente como "si les hubieran dado una paliza o mantenido una dura pelea".

Las repercusiones de estos padecimientos en mitad de la noche tienen consecuencias negativas tanto en la actividad escolar o laboral del individuo como en sus relaciones sociales.

Existen casos en que los terrores sobrevienen como consecuencia de un acceso previo de fiebre, de una falta de sueño, de los efectos secundarios de una medicación o de la ingesta de estupefacientes, y a veces coinciden con episodios de sonambulismo.

Pero los terrores y el sonambulismo no deben tampoco confundirse aunque la diferencia entre ambas manifestaciones no quede muy clara a ojos de algunos padres o tutores.

La manifestación más habitual consiste en que el afectado por este trastorno se sienta en medio de la noche en la cama y empieza a gritar o a llorar, mostrando una expresión facial de terror y signos vegetativos de intensa ansiedad como taquicardia, enrojecimiento, sudoración, dilatación de las pupilas y aumento del tono muscular.

Este problema psíquico puede resultar muy problemático en el ámbito social para determinadas personas, que tratan de ocultarlo de mil maneras.

En consecuencia, se resisten a ir de acampada, a pasar la noche en casa de unos amigos o incluso a dormir con su pareja en la misma cama.


ADULTOS MÁS AFECTADOS

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A pesar del alarmismo que este tipo de manifestaciones pueda representar para padres de hijos pequeños poco acostumbrados a ellas, los inventarios clínicos revelan que los infantes con terrores nocturnos no presentan una mayor incidencia de trastornos mentales o psicopatológicos que la población general.

Según el psiquiatra del Hospital Clínico de Barcelona y psicobiólogo, doctor Manuel Valdés Miyar, este tipo de cuadros patológicos se asocian más frecuentemente a terrores nocturnos en los adultos. Y un grupo de riesgo es el que se ha visto afectado previamente por estrés postraumático o ansiedad generalizada.

En los casos más acusados, los adultos con terrores nocturnos pueden presentar trastornos de la personalidad y suelen ser proclives a la depresión, aunque los expertos reconocen que esta problemática está aún poco estudiada.

No hay constancia tampoco de la relación entre este trastorno y el contexto cultural del individuo que lo presenta aunque hay evidencias de parejas de gemelos afectadas por el síndrome y de personas con antecedentes familiares de primer grado.

Tampoco existe hasta el momento un tratamiento médico específico para este tipo de trastorno aunque tanto la medicación para atajar los procesos febriles o la terapia psicológica pueden lograr efectos preventivos.

Muchos individuos presentan episodios ocasionales de terrores nocturnos en algún momento de su vida.

La diferencia entre episodios aislados y los terrores nocturnos como trastorno reside en la aparición de carácter recurrente, en la intensidad, en el malestar clínicamente significativo o en el deterioro de las actividades del individuo, resalta el experto.

Aunque el problema puede presentarse a edades más tempranas, el doctor Valdés Miyar indica que suele iniciarse en los niños con edades comprendidas entre los 4 y los 12 años, y que remite espontáneamente en la adolescencia. Por lo que se refiere a los adultos, lo más frecuente es que los terrores nocturnos aparezcan entre los 20 y los 30 años de edad y con una secuencia crónica de altibajos, aunque también pueden aparecer en noches consecutivas.


CAMBIO CLIMÁTICO

Por otro lado, el responsable de la Unidad del Sueño de Valencia (este de España), Gonzalo Pin, aseguró a Efe que el aumento de las temperaturas por el cambio climático puede provocar trastornos del sueño que llevan a los afectados a estar más irritables.
Pin considera que el ser humano "interacciona por su medio ambiente", por lo que el cambio climático puede tener "repercusiones importantes" en las alteraciones del ritmo del sueño, incluidos los terrores nocturnos.

"Cuando la temperatura ambiental desaparece de sus órdenes normales, la calidad del sueño se modifica, ya que hay una menor fase reparadora y un incremento de despertares cerebrales de los que la persona no es consciente", explicó.

Esta circunstancia, según el experto, provoca una pérdida de sueño que, a corto plazo, puede llevar a los afectados a presentar irritabilidad, inquietud, disminución del rendimiento, apatía, síntomas depresivos, cefaleas y accidentes, entre otras repercusiones.

En el caso de los niños, con la falta de sueño algunos de ellos pueden mostrar cambios cognitivos y conductuales similares al trastorno por déficit de atención por hiperactividad, como el no prestar atención, moverse y hablar en exceso, no seguir las normas o tener estallidos de cólera y rabietas.



sábado, 13 de diciembre de 2008

Claves para dormir mejor

Duermes poco, no descansas, no te recuperas y deterioras tu calidad de vida. Con estos hábitos harás tu sueño saludable y grato


Cada vez duermes menos horas, tal vez en condiciones que te impiden descansar y recuperarte. Por si fuera poco, tu recámara ha pasado de ser el lugar donde dormías, a un ambiente de lectura, estudio, trabajo, televisión, música, entretenimiento y sexo.

Descansar menos deteriora tu calidad de vida, reduce tu productividad laboral y aumenta el riesgo de sufrir problemas físicos y psicológicos y accidentes de tráfico, laborales y domésticos.

Según explica el Neurólogo Diego García-Borreguero, “hay estudios que confirman que en los países industrializados se ha reducido la cantidad de horas de sueño”. Esto se debe principalmente a la luz artificial, que te hace prolongar por más horas las actividades, mantenerte activa hasta antes dormir, y no te permite desacelerarte para conciliar el sueño.

Los enigmas de la almohada

• Nadie puede aguantar más de 48 horas seguidas sin dormir nada.
• Dormir es tan importante para la salud, que podrías morir por falta de sueño antes que por falta de alimento.
• Los cambios del sueño afectan al sistema respiratorio y al cardiovascular.
• La mortalidad es más alta en quienes duermen muy pocas horas.
• Más del 30% de los adultos sufre alteraciones del sueño; las más frecuentes son el insomnio, el sonambulismo y la excesiva somnolencia durante el día.
• No existe un número ideal de horas de sueño; a algunas personas les bastan cinco horas para sentirse descansadas y otras necesitan el doble de tiempo.

Duermes menos y peor

El ritmo biológico se rige por la luz solar y el sueño se sincroniza con la oscuridad. Al permanecer despierta mucho más tiempo, afectas tu calidad de sueño y le creas trastornos a tu reloj interno, afectando tus procesos fisiológicos y psicológicos. “El sueño no es una etapa inactiva de reposo, sino un estado de gran actividad, donde se llevan a cabo cambios hormonales, metabólicos, térmicos, bioquímicos, mentales y de memoria, fundamentales para tu funcionamiento durante el día”, señala García-Borreguero.

Ejercicio, respiración y relax

“No hay duda de que la calidad del sueño influye en la calidad de vida”, señala el experto en hipnosis, José María Doria, quien además te da estos consejos para dormir mejor:

• Evita el sedentarismo. Acuéstate cansada mental y físicamente. Haz ejercicio unas horas antes de dormir, pero nunca poco antes. El sexo también es un excelente incitador del sueño.

• Apaga tu cabeza agitada. Antes de cerrar los ojos, siéntate en la cama y mantén una respiración lenta y profunda. Haz 40 respiraciones, inhalando y exhalando por la nariz. Es un buen recurso para calmar tu mente inquieta.

• Cuida los últimos pensamientos. Vete a la cama libre de preocupaciones, miedos, tensiones o pensamientos negativos que influyan en la calidad del sueño. Para lograrlo, en vez de ver televisión, mantén una conversación relajante, escucha música suave o lee algo tranquilo.

Conquista a Morfeo

Según la OMS sólo el 10% de quienes sufren insomnio acude a consulta médica, y únicamente el 5% es correctamente diagnosticado. Cuando sufres insomnio, durante el día te sientes cansada, somnolienta, de mal humor y con dificultad para concentrarte. Pero además tienes más probabilidades de padecer depresión, ansiedad, hipertensión y enfermedades crónicas. Prevén y alivia el insomnio y otras alteraciones del sueño con estas medidas del Neurofisiólogo José Ramón Valdizán, eficaces para ayudarte a conciliar el sueño naturalmente, dormir mejor y vivir más:

• Duerme en una habitación bien ventilada, pero evita el exceso de frío.
• Elimina del ambiente cualquier molestia como ruidos o exceso de luz.
• Es muy importante dormir en un colchón adecuado.
• No te acuestes con hambre, ni después de una comida muy pesada; cena dos horas antes de irte a dormir.
• No consumas café, té, refresco, alcohol, tabaco ni cacao antes de dormir.
• Evita las discusiones antes de acostarte.
• No te lleves los problemas a la cama.
• Practica ejercicio moderado.
• Antes de dormir, ve desacelerando tu actividad, no hagas tareas que requieran mucha concentración, ni trabajes hasta última hora.
• Mantén horarios regulares de alimento, ejercicio y sueño.
• Evita las siestas o no las hagas de más de media hora.